La Carta de Intenciones o Letter of intent. ¿Obliga? ¿Para qué sirve? ¿Cómo redactarla?

 


Es bastante habitual, en el tráfico jurídico internacional, encontrarse con este tipo de documentos, junto a otros documentos “precontractuales”. Pueden, además, denominarse de distintas maneras tales como <<letter of intent>>, <<memorándum of intent>>, etc.

Ante los mismos podemos y debemos hacernos, entre otras, una serie de preguntas ¿Obligan a quienes los firman?  ¿Para qué sirven? ¿Cómo deberían redactarse?

Responder a las antedichas incógnitas nos ayudará a evitar situaciones no deseadas.

En cuanto si obligan o no y a qué obligan (pueden ser suscritos unilateralmente o por todas las partes que intervengan en una negociación) habrá que estar al contenido de las mismas. Aunque son documentos anteriores a un acuerdo contractual, si la redacción es deficiente o no tiene en cuenta las particularidades del ordenamiento jurídico en cuyo entorno se desarrolla pueden generarse obligaciones. Lo “ideal” es que en las mismas figuren cláusulas del tipo:

 “Esta carta de intenciones no es un contrato y hasta el momento en que se firme el mismo cualquier declaración de voluntad emitida por las partes, sea en la forma que sea, no tendrá carácter jurídico vinculante”

¿Para qué sirven teniendo en cuenta que se aconseja que estén bien redactadas para que no obliguen a las partes? Se podrían contestar muchas cosas. Pero daremos la respuesta que nos parece más simple: sirven para definir aspectos de un hipotético futuro contrato, para que las partes se conozcan y fijen, en su caso, la metodología del proceso negociador, intercambien información y puedan decidir, tras un tiempo prudencial, si quieren o no pasar a la fase contractual. Ni más ni menos.

Siguiendo a los profesores Lake y Draeta autores de la obra “Letters of Intent and Other Precontractual Documents” estos serían algunos consejos para redactar una carta de intenciones:

  • Que las partes sepan, exactamente, que quieren conseguir con su redacción y utilización.
  • Solicitar asesoramiento de un experto en la materia.
  • Que la carta de intenciones carezca completamente de efectos jurídicos. Para ello se aconseja la inserción de una clausula en la que claramente se manifieste que la carta de intenciones no es un contrato y que de la misma no se derivarán obligaciones. (Nos remitimos aquí al modelo de cláusula que reproducíamos algo más arriba en este post).
  • Nos indican los autores dos aspectos más, entre otros, que creemos muy importantes para poder tener la tranquilidad de que el documento es correcto y no obliga a las partes:

Si se pretende que una carta de intenciones carezca de efectos jurídicos la misma debería ser breve, informal y estar redactada en palabras que denoten una hipotética relación futura.

          Asimismo se recomienda que en la carta de intenciones aparezcan declaraciones que hagan referencia a que un acuerdo entre las partes dependería de la elaboración, firma y ejecución de contratos subsiguientes bajo el control de las partes.

 

  • Hacen, además, una recomendación muy acertada para el caso de cartas de intenciones transnacionales consistente en que las partes firmantes consideren el uso de cláusulas de elección de ley y de foro o jurisdicción.

Si bien puede parecer anómalo que precisamente un documento que pretende ser lo más alejado de un contrato formal inserte dicho tipo de cláusulas ello puede ser muy útil. Nos explicamos. Dado que cabe la posibilidad de que algunos sistemas jurídicos entiendan que no es suficiente que aparezca una cláusula indicativa de que la carta de intenciones no es un contrato y que por tanto no obliga a quien la firma lo mejor es ir sobre seguro y someter dicha carta a sistemas jurídicos en los cuales dicho tipo de cláusula se dé por buena y por consiguiente se acepta que la carta de intenciones no tiene efectos jurídicos vinculantes para las partes.

Sin ir más lejos y como mero ejemplo tanto el derecho inglés como los tribunales ingleses aceptan dichas cláusulas (cláusulas indicativas de que la carta de intenciones no es un contrato) y sería conveniente que las partes se sometieran a dicho derecho y a dichos tribunales para tener la tranquilidad de que ante una disputa se aceptará que la carta de intenciones no tiene efectos jurídicos vinculantes.

 

Nota final: Este post no entra en particularidades que podrían acontecer según el tipo de contrato que las partes pretendan firmar tras la redacción de una carta de intenciones, ya que no es lo mismo una compraventa de mercancías que una joint venture. Por otro lado y como ya señalábamos es muy importante considerar el derecho aplicable al caso concreto lo cual, si bien es fundamental, escapa de las pretensiones de este post.

 

 

 

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